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24 de Noviembre de 2017

 
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Seguridad alimentaria, escasez de alimentos: ganar el futuro

Noticia Completa:
La seguridad alimentaria es la disponibilidad por la población de alimentos suficientes, nutritivos e inocuos. España, tiene un alto nivel de seguridad que debe mantener y mejorar. Pero ¿tendremos los alimentos necesarios en los próximos años?, ¿sabremos nutrirnos bien?, ¿serán inocuos los alimentos en el futuro?. Podemos intuir las respuestas a estas preguntas, estudiando lo acontecido en el pasado:

En el siglo XX, hubo una Revolución verde, caracterizada por la selección de razas animales y variedades vegetales; el uso de abonos y plaguicidas y la intensificación de las producciones. Ello supuso una pérdida de biodiversidad, una presión sobre la Naturaleza y una mayor disponibilidad alimentaria.

También hubo una Revolución azul, mediante la cual, España se convirtió en una gran potencia pesquera y acuícola mundial, sobreexplotando sus recursos.

Además, aconteció una Revolución tecnológica, destacando el procesado y envasado aséptico de los alimentos; el enlatado seguro de las conservas; la generalización de la red del frío; el uso de aditivos alimentarios; el uso del microondas, el envasado en atmósferas controladas y la liofilización de los alimentos.

Paralelamente, aumentó la contaminación ambiental, especialmente de los "12 sucios", contaminantes orgánicos persistentes, muy tóxicos y acumulativos, tales como el DDT, los furanos y las dioxinas. Esta contaminación supuso un peligro de seguridad alimentaria y por tanto de salud pública. Hubo una Revolución comercial, paralela al perfeccionamiento de las tecnologías de conservación alimentaria; a la extensión de las redes de transporte y a la progresiva liberalización del comercio internacional. Se pasó de la distribución local a la global; del ultramarino de venta a granel de poco más de 100 artículos, al hipermercado, con más 20000 productos envasados expuestos en los lineales. La desmesurada oferta supuso una agresión a la tradición culinaria y a una confusión nutricional ante tantos cambios tecnológicos. También se universalizaron los hábitos de consumo debido al turismo, la emigración, la inmigración y la penetración cultural de las multinacionales.

El desarrollo turístico supuso el aumento de la restauración colectiva; en los hogares se pasó de la cocina de fusión a la de ensamblaje de productos cuyo sabor es determinado por la salsa de adición; aparecieron los alimentos salud y trastornos como anorexia, bulimia y obesidad.

Los problemas sanitarios localizados se globalizaron; la salud pública se usó a veces como una excusa comercial y enfermedades como tuberculosis, brucelosis, botulismo y triquinosis, dejaron paso a preocupaciones como las "vacas locas", la listeriosis y la salmonellosis.

La venta ambulante dejó de ser un servicio de abastecimiento de poblaciones aisladas y se convirtió en un atractivo turístico, a veces una competencia desleal y un riesgo alimentario cierto. Ejemplo: el síndrome del aceite tóxico de colza.

Aumentaron las antibiótico - resistencias, las toxiinfecciones y las alergias alimentarias; se forzó la Naturaleza , lo que generó crisis alimentarias y provocó la aparición del movimiento consumerista.

La seguridad alimentaria internacional, se resumía en que el Primer mundo pagaba por adelgazar y el Tercer mundo mataba por comer y surgieron movimientos por la soberanía alimentaria, el comercio justo y la lucha contra el uso de alimentos como arma política. Los numerosos y diferentes EEMM de la UE del siglo XXI suponen un reto importante para conseguir una seguridad alimentaria común . Por otro lado, los países en vías de desarrollo (PVD), anteponen la disponibilidad a la inocuidad de los alimentos y suplen con sustancias químicas su déficit de infraestructuras alimentarias.

Decía Unamuno, que "somos hijos de nuestro pasado y padres de nuestro futuro". Si queremos ganar éste, debemos afrontar con éxito los retos que nos plantea en las próximas décadas: llegar a un nivel razonable de abastecimiento alimentario mundial; extender internacionalmente los niveles inocuidad alimentaria y generalizar una nutrición equilibrada.

No es fácil el éxito: la Tierra está próxima al máximo de su capacidad de carga biológica y en dos décadas seremos 2000 millones de habitantes más, duplicándose la demanda alimentaria en los PVD. China y la India supondrán una notable demanda alimentaria y el uso de cereales para hacer biocombustibles representa una seria amenaza de hambre para las poblaciones más necesitadas.

La generalización del uso de organismos genéticamente modificados (OGMs); el desarrollo de la insectocultura como fuente de alimentación animal; las producciones agrarias sin tierra; un desarrollo agroganadero sostenible; producciones agrarias en función de la demanda y no de las subvenciones; la generalización de la acuicultura, la creación de genotecas para el aseguramiento de los recursos fito y zoogenéticos y un mejor reparto mundial de los alimentos, serán fundamentales para el abastecimiento de la población.

Debemos afrontar los retos nutricionales del futuro, estimulando la lactancia materna; investigando los mecanismos de la obesogenia; promoviendo el desarrollo de dietas y hábitos saludables; respetando las tradiciones culturales de las poblaciones, ligadas a sus propios recursos productivos; reduciendo las diferencias socioeconómicas; formando a los consumidores, favoreciendo el uso de alimentos funcionales y profundizando en la alimentación personalizada basada en el conocimiento genético de cada individuo. (Nutrogenética)

En cuanto a los retos que plantea la inocuidad alimentaria, hemos de evitar graves crisis alimentarias por errores en producciones masivas, catástrofes naturales y bioterrorismo global; la reemergencia de enfermedades de transmisión alimentaria ligada a las bolsas de pobreza y los efectos de la globalización de personas y mercancías; el riesgo de las aflatoxinas y las interacciones entre medicamentos, aditivos, medicamentos, contaminantes y envases.

Para ello, hemos de encontrar un equilibrio entre disponibilidad e inocuidad alimentaria, evitando una presión excesiva de los costes de producción sobre ésta última; progresar en el conocimiento de la ecología microbiana, la tecnología de la trazabilidad alimentaria y las interacciones de las sustancias que se encuentran en la cadena alimentaria. Es primordial reducir el grave peligro biológico que supone la capacidad de recombinancia de los virus, limitando la promiscuidad de las especies animales de renta entre sí y con los seres humanos; conviene promover el etiquetado de los alimentos para grupos de riesgo como las embarazadas, los niños, los ancianos, los enfermos crónicos, los inmunodeprimidos y los consumidores extremos.

También debemos asegurar la eliminación real del uso de antibióticos en la cadena alimentaria; progresar en el estudio de la dieta total de los diferentes colectivos humanos; crear policía y tribunal internacionales contra delitos contra la salud pública, favorecer la formación integral en toda la cadena alimentaria, abarcando no sólo conocimientos técnicos, sino aspectos éticos fundamentales para el bien común.

Fuente:
'www.eldiariomontanes.es
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